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domingo, 4 de noviembre de 2012

Poesía Discutible.


Último llamado.

En el lapsus de mis desesperaciones, en mi huida por las confusiones; la muchacha de los pezones rosados se pregunta cuándo volverá a tener dentro su paladar, los suspiros que se enredan en la piel y provocan una tormenta de cosquilleo en el ombligo.  La muchacha no resiste esta abstinencia de deseo enfrascada por la timidez, el tiempo, el orgullo, o valla ha saberse porque carajos no esta conmigo. A veces esta muchacha se guarda en el alma esta pasión que crece alrededor de su indiferencia compartida. Se muerde los labios tratando de aprisionar el fuego que crece a causa de una razón ilógica pero no menos enérgica. Es cierto que es una aventura, pero no olvide que es una aventura de película; su sabor y contenido no deben formar un coctel de costumbres y casualidades que no conspiren. La muchacha de los pezones rosados quiere seguir sus reglas de magia insípida, pero no concibe medir su pasión en porciones respetuosas. Yo sé que usted carga con un miedo que le obliga a retractar su instinto erótico imaginario, pero yo le anuncio, en nombre de esta muchacha agresiva y duramente dulce, que el amor no tiene espacio en este cuento sustancioso y la amistad se cuela, solo si su indiferencia no me lleva a odiarle. Le invito entonces a que habitemos un jadeo efímero pero irrefrenable, que nos agote las ganas y los arrebatos.   



La melancolía del coito.

¿Por qué no tengo una cajetilla de cigarrillos?
Hay que comprar cigarrillos y no condones.
Hay que callarnos la boca con un cigarrillo y fumarse el silencio incomodo.
Procurar por justificar la muerte pasajera del verbo, y no llorarla.
Debemos impedir la fecundación de palabras: mierda inservible que se reproduce por mitosis.
Abortar con el humo que se aspira las vergüenzas, el miedo, el vértigo de caer en las conversaciones despiadadas.
Pero no tengo cigarrillos.
Y me preocupa que la eyaculación desflore tu verbo
Y yo tenga que dejarte con la voz viva y sola
Para salir a la tienda con cara de pacheca por un cigarrillo
Mientras tú me odias en mi propia cama.

Mini- ficción.


La muchacha de los pezones rosados.


Carolina estaba tan feliz de vivir a sus veinte años una aventura de película, que no podía darse cuenta que su cuerpo comenzaba a tomar visos románticos.

Cuando llegó a la habitación que alquilaba, lo primero que hizo fue ir al baño. Se levanto la blusa y el brasier se enredó en sus dedos. Se miró en el espejo, era cierto, tenía los pezones rosados. No lo había notado, no porque nunca se hubiera tomado la tarea de hacer una expedición erótica por su cuerpo,  más bien, ya no necesitaba de sus masturbaciones narcisistas frente al espejo, en las últimas semanas cargaba con una excusa pasional que le impedía acariciar su ego, toda voluntad giraba alrededor de una aventura que le proporcionaba compañía compartida y desplazaba con un toque justo su soledad.




Salía de paseo en el carro del susodicho y fornicaban hasta vomitar. Gritaban “fuck yeah” cada vez que tenían un orgasmo. A él se le entumía la lengua, a ella se le entumían los dedos de los pies.  Tenían encuentros a escondidas en cuartos oscuros, en salas pintadas de azul, en la mitad de una carretera cualquiera. Se contaban secretos vergonzosos,  se burlaban del amor irracional de los demás y susurraban canciones cada vez que se acercaba un silencio incomodo. Aunque habían acordado medir su tiempo, disponían de cierta habilidad caprichosa para repetir los encuentros pasionales en un mismo día. Seguramente la prohibición seductora de combinar sus realidades permanecía al acecho, excluyendo cualquier acto de moralidad que pudiera delatar lo absurdo e irrespetuoso de sus encuentros. 




Con el tiempo, entre ellos mismos pasaron a robarse suspiros, promesas y eyaculaciones; ella nunca le importo perder semejantes banalidades, en cambio, él, nunca había perdido la conciencia y eso ya empezaba a molestarle. En parte, Carolina había tenido la culpa, aquel tipo estaba comprometido y poco atendía a los impulsos de fina coquetería que exhibía en sus labios rojos y su cabello sin peinar.  Sin embargo, se empeñó tanto en agradarle, que cambio su preferencia musical, el color de cabello, y los chistes pasaron hacer parte de su menú en las conversaciones. Poco a poco se unía a los espacios que el susodicho frecuentaba, y de la noche a la mañana se vieron enredados en las mismas situaciones. Aunque Carolina había contraído un raro deseo por aquel hombre, no mostro ante él la desesperación que las mujeres intentan disimular frente al hombre que las enciende debajo de las tangas. Procuró por crear un juego inadecuado, una seducción tóxica, un encuentro sutil que justificara las ganas de interrumpir su aburrimiento.  Nunca quiso crear con él un cuento con futuro, no pasó por su cabeza hacer parte de su vida real y enfermarse de abstinencia cada vez que le faltaba un beso. Sin embargo, en la búsqueda de refugio en un cuerpo vecino, no se percato de lo fácil y silenciosos que se filtran los sentimientos, las malas compañías emotivas de la pasión se apoderaron de la mujer con corazón de niña rota. 




De alguna manera la fantasía que se contempla desde afuera, al susodicho ya no le estremecía ó por el contrario, era una fantasía tan cercana, tan palpable que ya no resistía su esplendor.  Cuando se dio cuenta del cambio de tonalidades que presentaban los pezones de Carolina, se angustio. No entendía como unos pezones de apariencia transparente habían alcanzado un color tan hermoso, tan rosado, parecían dos pétalos de un clavel. Se preguntaba si su amor, que era solo un residuo compartido, había podido crear el color de la belleza melancólica, el color de la felicidad intermitente, y marcar el cuerpo de una mujer que apenas conocía. De nuevo se angustio. Se vio abrumado con tanta belleza que prefirió buscar refugio en la seguridad de su biografía. Si, huyo del sustento de cuento que Carolina había creado para los dos. Le dejo los suspiros a medio estallar, el tiempo incompleto, las eyaculaciones en pleno oleaje. 


Carolina, de repente fue invisible. De repente le quebranto el ritmo pasional, la excusa que le inyectaba su porción de felicidad. Un capricho de niña pubertica se disfrazo de amor y se le incrusto en el pecho. Intento luchar por ese amor suspendido, lo llamaba para asegurarle “un te quiero”, ese que había evitado pronunciar, pero terminaba escribiéndole cartas de despedida que nunca cumplía.  Fue perdiendo todo principio hostil que profesaba, sus palabras de compasión se tornaban en una melodía repetitiva, se perdió entre el ir y venir de la fantasía, de la aventura de película.  Esa noche en que ella se vio ante el espejo, llovió tinta rosa sobre su cuerpo. Miles de gotas estallaron sobre el lavamanos, la baldosa y el tarro de basura, aniquilando la prueba de su amor inventado, el sustento de cuento que transfiguro sus órganos vivos. La tinta fluyo por el sifón, se mezclo con las aguas sucias del alcantarillado y se perdió en la podredumbre. 





viernes, 7 de septiembre de 2012

Poesía Discutible.


La sometida.
He sometido todas las excusas en la tina de agua roja.
Sin embargo la excusa pasional se rehúsa a diluir sus instintos  con la melancolía de la niña púbertica. La vida, esta vida que no es mía, no le deja danzar en el agua turbia de mi tina, dice que esa excusa es la que vive por mí.  

La venganza de los objetos inanimados.
Aunque cambie de bombilla, de sábana, de perchero, de habitación
Continúa la pesadez impregnada en los objetos que conservo o encuentro. Como si mis manos los tocarán con rabia melancólica y ellos se empeñaran en confabular una venganza catatónica. La bombilla por su propio parecer se enciende; la sábana se ensaña en desprenderse del colchón en el que la retengo; el perchero procura hacerme  punta pie cada amanecer, y por su parte, la habitación escribe con telarañas en sus paredes: Vete a casa

7: 29: 59 pm.
Con la mano en la esperanza telefónica, pido que no llame para evitarme la decepción, la fatalidad de esta espera que terminará en un punto final. Con el desconsuelo en el pecho pido una siguiente llamada, un timbre agudo que me despierte de este letárgico ensueño. Estos pocos segundos que le quedan en mi historial, he empezado a forjar con sus silencios pertinentes a su ausencia, una discusión que perturbara nuevamente mi excusa pasional. Pero ante toda esta pesadez me guardo la ilusión de escuchar su vos y poder decirle, en contra de mi voluntad, todo ha sido un fracaso, un delirio que ha asesinado mi ego.

La protectora.
Me tengo a mí, la niña que estornuda fluidos orgásmico y escupe la sangre que no le hace falta. Me tengo a mí, la niña turbulenta y ruda que se desnuda ante el mundo sin vergüenza. Y Tengo la niña olvidadiza que renuncia a la pesadez del tiempo. Pero no tengo la niña que responde los interrogantes que provienen del origen, la casualidad y la palabra inerte que se presentan como barricadas en la vida. A la deriva de una ciudad oxidada, sigo buscando la niña que salvará esta historia. Sé que de alguna manera estará esperándome sin afán y sin rostro. Y juntas partiremos sin pasado y sin futuro lejos de casa. 


Suspiros que viajan a la velocidad de la luz.
En la colisión de mi búsqueda
Reposo y me digo: No es su nombre lo que quiero encontrar
Es el cielo entumecido de mis orgasmos que con su sexo logró crear.

Ese olor suyo que devora mi realidad
Palpándome unos besos que quizás son solo sombras
Pero que deliciosamente jadearon en mi lecho.

De nuevo ciento el vértigo en relieve, este desafío pasional.
Por qué no viene, por qué no dice lo que yo quiero
Y fornicamos como yo quiero y reposa en mis pechos el tiempo que yo quiero.

En la soledad de mis masturbaciones
Los orgasmos se aferran a su cuerpo
Y me dicen que quieren humedecer sus piernas
Desean intercambiar respiraciones cortadas y una piel encendida
Han tomado confianza y quieren decirle te quiero
Aunque mi voz se ahogue en el vacío de su ausencia.



domingo, 22 de julio de 2012

Ignorante opinión.


Refrescando memoria.

Una patria puta y sin historia. 
“El efecto domino del neoliberalismo, la globalización y el TLC”

La historia es como una gran biblioteca mundial que se  pierde entre infinidades de galerías. Se hallan allí,  a  causa de un pueblo cómodo en la mentira, libros que cargan con la corrosión en sus páginas y el olvido de sus letras.  En las escuelas nos enseñaron a escudriñar la historia desde la visión de la aceptación y el olvido, porque una vez es leído el pasado tenemos la certeza de no reconstruirlo, hasta tenemos la manía de modificarla por conveniencia o por la triste enfermedad de la memoria cruel que nos acecha. Del pasado nos quedan algunos historiadores malgastados, ya no tenemos cronología ni  una verídica historia. En este sentido, aclaro que no soy historiadora, ni viajo en la máquina del tiempo, este ensayo solo es el resultado de las historias contadas en diarios, libros y lo poco que queda de la memoria colombiana.

Para aquellos que creen que todas las peripecias que se han masificado alrededor del neoliberalismo en el actual gobierno, son justamente su responsabilidad, les comento que solo son los efectos de las decisiones tomadas por nuestros antepasados dirigentes y que los actuales repiten sin complique.  Por si no lo recuerdan, en la década del 90, durante el periodo del presidente Virgilio barco se introdujeron las políticas neoliberales que  pretendían implementar una política económica con énfasis tecnócrata y macroeconómico, que reduciría al mínimo la intervención estatal en materia económica y social, lo que llevaría a  privatizar los entes del estado, dar una apertura económica a otros países y mayor desarrollo económico y social para el país. Sin embargo al poner en marcha este plan, los colombianos presenciaron una terrible degradación en su economía, el desempleo aumento, la soberanía se encontraba en riesgo  y la autonomía política ya no era decisión del estado. 

Estados unidos había llegado al país con las perversas intenciones de ayudar, sin embargo  quería controlarlo todo, es decir, poner en marcha una nueva colonización.  Colombia en su ingenuidad quería seguir los pasos del gigante mundial, se propuso a seguir los concejos que le imponían los gringos. Entre los  concejos que durante esta presidencia fueron tomados fue la forma nacional que asumió el llamado Consenso de Washington, que aplicaba tres principales ideas: Disciplina macroeconómica, economía del mercado y por ultimo apertura al mundo. Este devastador plan fue puesto en marcha durante el mandato del presidente Cesar Gaviria, para ese entonces  se conoce que su aplicación nació de una extorsión del Banco Mundial, según lo explicó en El Tiempo del 27 de febrero de 1990 el ex ministro de Hacienda Abdón Espinosa Valderrama. Este fenómeno llevo a Colombia a experimentar la reducción de recursos económicos, pérdida de autonomía política frente a los actores externos y debilidad dentro y fuera del país.

Ahora bien, se hace necesario nombrar que durante la presidencia de Andrés Pastrana se introdujo el plan Colombia en el que se promocionó la paz, se planteó el fin del narcotráfico y se restablecería la economía financiera, pero ojo aquí, nuevamente con la ayuda de Estados Unidos. Repetimos la misma historia, Colombia continuaba como un simple enano codiciando la apariencia del gigante frente al espejo. Alardeaba con dejar el bajo mundo comiendo cuento a punta de palabras rimbombantes como globalización, capitalismo, riqueza, felicidad, empleo, exportación, etc. En efecto, la deuda externa aumento, los patrones de mercado eran diferentes, no teníamos suficiente inversión extranjera. Estados Unidos había jugado sucio al presentarse como el buen samaritano financiando al ejército que combatía con las fuerzas armadas revolucionarias para acabar con el narcotráfico y obtener la paz, mientras nuestra república muy oronda le abría las piernas con permisos de hacer que lo que se le viniera en gana. Es así como las trasnacionales y multinacionales comenzaron a inundarnos, explotando nuestros recursos naturales y mano de obra. Pueblos enteros afectados por las malas prácticas de producción; la minería a cielo abierto, la tala de árboles, el robo de tierras fértiles, la disminución de los ríos, el desempleo, muerte de trabajadores y sindicalistas fueron temas comunes que nos arribaron sin explicación, como si todo hubiera ocurrido en un día donde estábamos profundamente dormidos.

Es el momento de nombrar al monstruo que viene creciendo desde el 2003 y que hoy ya esta hecho todo un pie grande. Si señores, hablamos del TLC o tratado del libre comercio, ese que ahora todos (excepto los uribistas) repudiamos. No satisfechos con el tremendo daño a nuestro país, llega un nuevo personaje a empeorar la sopa. Álvaro Uribe Vélez, en ese tiempo presidente de Colombia, al evidenciar la inefectividad del ALCA decide aliar a Colombia con Estados Unidos. Tras varios años en negociaciones, el 24 de julio de 2008  la corte constitucional declaró el tratado exequible, pero en el congreso de  Washington los demócratas consideraron que nuestro país no había tenido avances en materia de seguridad, derechos humanos y laborales.  Era evidente que el TLC destruiría el campo, es por eso que apareció el plan de acción más conocido por su corrupción que por su finalidad, Agro Ingreso Seguro, institución que ayudaría económicamente a los campesinos para que tuvieran mas posibilidades de competir con el mercado estadunidense. El tema quedo en veremos.  Sin embargo, al posicionarse el gobierno de Juan Manuel Santos y el del presidente Barack Obama las negociaciones continuaron de la mano del nuevo plan de acción que fortalecería  las protecciones laborales y pretendía combatir la violencia contra sindicalistas. El 12 de octubre de 2011 el congreso dio el si y para el 15 de mayo los dos presidentes anunciaron que el TLC entraría en marcha.

No se ustedes, pero a mi todo esto se me parece a una subasta de países tercermundistas en el que Colombia hizo parte de una promoción. Nos compraron con el discurso favorito del SENA: “El emprendedor triunfará”, además del murmullo que se convirtió en una ola de promociones de carros, computadoras, motos y hasta el sueño americano. Es imposible que un enano salga victorioso en una pelea de gigantes, eso solo pasa en los pasajes bíblicos. Desde el principio todos sabíamos que los intereses económicos del campo colombiano entrarían en peligro por las cuantiosas ayudas internas y subsidios a las exportaciones que recibe su competencia estadounidense, y las barreras arancelarias, principalmente sanitarias y fitosanitarias, para ingresar con nuestros  productos al mercado estadounidense. Yo no voy en contra del desarrollo y la esperanzas de poseer una economía equilibrada y estable, pero es inevitable criticar una nueva burrada, pues ni siquiera los planes de acción para proteger un poco el golpe de esta patria boba se cumplieron.

miércoles, 11 de julio de 2012


Permanente.

Tienes ese cuerpo agrietado, enredado, pero consciente.
Lo llenas con sabanas prestadas de otros cuerpos mientras descansa de tanto jadeo.
Robas caricias en posiciones  desequilibradas y estas a punto de vomitar tanto exceso.
Tienes ese cuerpo entre el  desperdicio y la humedad  que dejan los encuentros orgasmicos.
Permaneces casi ausente, casi olvidada
¿Acaso eres una ninfa?
Quizás seas una mujer de remiendo.








La gata.
Quiero quedarme Bastet.
Yo voy como sombra entre sus patas.
Me cuelgo de su cascabel y me siento acompañada.
Tengo la noche de aliada, pero tu persistes en llevarme.
Anda y escribe en tu arena que esta mortal quiere maullar.
Concédeme la libertad de ver en mis ojos una galaxia independiente.
Déjame caminar por ahí donde el alba no me alcance, donde las heridas se sanen en siete vidas. 











Mentir.

La niña lo revive en sus sueños.
La niña llora dormida.
A la niña no la dejan morir y olvidar su amor de caricatura.
La niña no respira y se adormece.
A la niña la dejan volar y despertar.
La niña  recuerda su despedida.
La niña en vano muere.












Vértigo

En el aquí, continuo con el vértigo en relieve.
El cabrón no come de horas, de kilómetros, de ruegos disimulados.
Inamovible, se guarda  en la mirada extraviada, en la memoria que se oxida.
Viaja conmigo en el bus, sube a la cama alquilada, se baña con mi shampoo.
Le asesino en compañía de un amor inventado, de un trago en la madrugada.
Pero se prende de nuevo en la cabeza y doblega toda razón.
Viaja en la maleta de la vida hasta que llega al destino de la muerte.




Minificción


El hijo prodigo.


Los primeros que vieron el cadáver en el rio Arauca fueron tres niños que jugaban con barquitos de papel. Después todo el pueblo estaba en la escena fúnebre. Nadie supo quién era. Se habían borrado las facciones de su rostro. Entre la multitud una anciana aseguró conocer sus botas azules talla cuarenta. Para los habitantes de Arauca no era extraño que doña Carmen, entre sus achaques de veterana, reconociera ese cadáver como su hijo. En realidad, hacía cuarenta años que no sabía de él, que decidió argumentar su ausencia con su muerte. Todo cadáver que aparecía en el rio lo adoptada, sin embargo este fue el único que logró darle nombre y enterrar en su patio.  En ese mismo año tocó a su puerta un forastero que afirmó ser su hijo. Doña Carmen analizó minuciosamente su rostro y le respondió que estaba equivocado de madre. Le manifestó que tenía tres hijos: dos casados y uno el patio. El militar se sintió indignado. Sin perder la compostura, entró rápidamente al patio esperando encontrar al suplente, pero se sorprendió al hallar una tumba con su nombre, unas flores y las botas que le había rodabo un compañero del Ejercito. Al ver a su madre contemplar la tumba con resignación, comprendió que allí estaba su verdadero hijo.



El destino de Leidy.



Leidy se había ido de su casa hacía más de un año. Había llegado a una ciudad que le dicen Milagro, al parecer, porque sobrevivió a una catástrofe mundial. Alquiló un cuarto y una cama; una mesa y una máquina de escribir, y con el tiempo una pequeña estufa eléctrica. Su cuarto quedaba cerca de su Universidad, así que nunca apreció el aroma a café que tiene los autobuses. Leidy siempre cargaba la soledad y el descontento que llevan los forasteros, aunque había sido su decisión vivir en una ciudad para adelantar sus estudios, no podía dejar de extrañar al hombre que había dejado en un lejano pueblo. Como de costumbre lo llamaba en su horario de trabajo para asegurarle un te quiero. A medida que pasaba el tiempo las actividades de su carrera la absorbían por completo, impidiendo regalarle una llamada. Un día le fue posible huir de sus ocupaciones y cómo quién escapa de un destino frívolo tomó un  bus para verle. Al llegar a casa estaba su padre esperándola en su mecedora. Leidy lo abrazo y se sentó en sus piernas. Al cabo de media hora se quedó dormida de la felicidad.

jueves, 19 de abril de 2012

CRONICA



“SI QUIERES MATAR A UN ENEMIGO, REGÁLALE UNA FINCA"


Fuente: Ricardo Vejarano.

Mi padre me contaba hace unos días la historia del café colombiano en el municipio de Trujillo – Valle del Cauca mientras caminábamos por la carretera que conduce de la vereda Alto Cristales a Andinápoles. Al preguntarle por qué no estaba cogiendo café en una fecha donde siempre lo había visto tan ocupado y contento con su coco en la cintura, sin palabras técnicas y discursos triviales como los que suelen transmitir en televisión, mi papá respondió que se debía simplemente a los drásticos cambios de clima. Asombrada me quedé, pues pensé que mi papá no estaba al tanto de las noticias que comentaban la angustiosa “crisis cafetera” que tenía alarmada a la Federación Nacional de Cafeteros y  Ministerio de Agricultura.

Yo había seguido todo el monto informativo, desde los periódicos hasta los videos del senador Jorge Enrique Robledo. Me pareció entonces que el asunto era grave. Entre todos esos artículos encontré el proyecto que tiene el Ministerio de Agricultura, ley de desarrollo rural que fue difundido por el diario El espectador, después leí la noticia que el presidente del INCODER se le había sustituido de su cargo y se estaba buscando urgentemente un nuevo gerente. De inmediato pensé en mi tío: “Esas promesas de terreno propio se fueron a la lista del olvido, que pesar de mi tío”. Según comenta la Revista Semana, el gerente manifestó: “No iba a salirme por la puerta de atrás, callado, alguien tiene que hacer las críticas y no necesariamente desde la oposición”. El señor Juan Manuel Ospina considero que el programa con el cual trabajaría por el campo se desmoronó debido a la mala racha que está pasando la respectiva entidad. En su declaración confirmó que hay grandes problemas de ejecución y dirección en la política de Juan Manuel Santos en reactivar el campo colombiano. El 9 de abril el presidente de tan estimada republica nombro a la nueva gerente del INCODER, la señora Miriam Villegas de quien se dice es una dama empapada de tierra, es decir esta muy relacionada con temas referentes a tierras y defensa en despojo de tierras, espero con la migaja de fé que me queda una buena administración.  

Sentí la necesidad de leerle a mi padre todos esos artículos que la prensa colombiana cuelga en sus plataformas para que me diera su opinión al respecto y no le echara la culpa solo al clima. Era ya de noche en las montañas que lindan con el Chocó y decidimos discutirlo al siguiente día, porque como dicen los citadinos, en las fincas es cierto que se acuestan con las gallinas.

Ya en la mañana de Viernes Santo, como en el viacrucis, cogimos camino hacia el pueblito, nuestras estaciones no eran para decir: ¡Te adoramos, Cristo, y te bendecimos! Porque por tu Santa Cruz redimiste al mundo. Y tampoco nos arrodillamos. Durante el camino nos sentamos a descansar bajo la sombra de  un  guamo. Pregunta tras pregunta, me le pegué a mi papá como cuan niña con su maestro. Comenzó hablándome de la tal crisis cafetera y dijo: “Desde hace mucho tiempo hemos estado en crisis. Nosotros como  pequeños cultivadores del café hemos estado apartados del brazo “acogedor” del estado, los precios bajos nos han perseguido cada vez que cae el dólar, las plagas, las lluvias y el café caturro son problemas del diario vivir. A los ricos, que son cultivadores a gran escala me imagino que deben estar muy asustados con tanta llovedera y la poca producción que se está evidenciando. No hay ningún veneno, ni abono, ni pócima secreta, ni dinero  que entidades como el Ministerio de Agricultura, la Federación de Cafeteros y otras más, les obsequien para que el café florezca y  se madure”. Pero intervine en su respuesta y le pregunté: ¿y qué sucede con los que no son ricos y tienen muchas hectáreas en café y esperan una buena producción para pagarle a sus recolectores? Mi padre respondió: “Estos se encuentran en la mitad de la escala de producción y de beneficiamiento. En uno de los artículos que mencionan la “dizque” nueva ley de desarrollo rural  trataron el contrato de protección de precio que hace tiempo está en marcha. Consiste en asegurar 50 por ciento de su cosecha anual que  permite garantizarle al caficultor un precio mínimo por la carga de café, con la opción de cobrar la diferencia entre 650.000 pesos por carga y el precio promedio de compra del mes del respectivo contrato. Para  ellos es esta medida, pero como están las cosas es imposible asegurar una carga de café que ni se sabe si se va a recolectar, eso es otro embrollo para  sacarle más dinero a los caficultores cuando la producción aumente, porque no es un secreto que donde haya más palos de café, es donde el ojo económico está en la mira. ¡Mija!, mejor dicho esa gente está peor que nosotros”

Se me hacía raro que mi padre estuviera tan tranquilo y crudamente me respondiera los interrogantes que a muchos caficultores los está dejando en la ruina. Pero me confesó que su vida como trabajador en el campo lo ha hecho muy tolerante frente a estas situaciones. Por muchos años los que han tenido el poder de la agricultura han conseguido controlarlos; son vistos, sólo como la locomotora que jalona parte de la economía colombiana.
  
La Federación Nacional de Cafeteros hace tiempo viene sirviendo a los campesinos de esta zona, pero de igual forma también la han embarrado. Los campesinos han confiado en el conocimiento de los funcionarios de la respectiva entidad. En algunas ocasiones es un conocimiento que favorece a los cultivos, sin embargo han tenido que enfrentar grandes errores condicionados por las peroratas que esta entidad ha formulado incidiendo en la compra de abonos y la tala de árboles, los cuales generaron grandes pérdidas que los campesinos han tenido que enfrentar. Las políticas de precio e impuestos, reglamentadas por esta institución sólo con el fin de incrementar sus beneficios económicos, fueron encubiertas  por medio de reuniones cafeteras donde se entregan rica comida, abono, semillas, bolsas, colinos o variedades de café entre ellas el famoso “caturro” y por supuesto no podía faltar en algunas reuniones la presencia del profesor “yarumo” quien parece más un animador con sombrero y botas que un experto en el café. Han maquillado las políticas que los rigen y sus hecatombes de abuso con simples presentes, que vista de un humilde campesino son manjares aristócratas. 
  
Entre charla y carcajadas mi papá me comentaba lo bueno que era el café cuando solo existía una especie. No se asistían con químicos y los caficultores como mi abuelo, tenían cantidades de terrenos en café. Cuando el precio bajaba, lo campesinos recurrían a guardar sus cargas y esperaban a que subiera el precio. No había tanto embeleque, se podía esperar sin la preocupación de aguantar hambre, porque en ese tiempo no existían esas políticas de hoy en día. En ese tiempo gran parte del dinero era para el campesino. Se crearon muchas entidades en pro del café y el campesino, muchas fueron destituidas por su ineptitud y por la cantidad de dinero que se atribuyeron ilegalmente, dinero que salía del bolsillo del campesino. El estado se jactaba del beneficiamiento que les adjudicaba a las familias campesinas tanto con dinero como con insumos agrícolas, pero lo cierto, era que grandes cultivadores de familias adineradas y con poder en la política recibían estos subsidios (y no me refiero al escándalo de Agro ingreso seguro, este tema es más reciente)

Es entonces, que todas estas hazañas desprovistas de honradez se han ido repitiendo conforme pasan los años y los campesinos siguen sumergidos en la ingenuidad, tolerancia y abandono total. El senador Jorge Enrique Robledo menciono en el congreso: “La Contraloría encontró que la Federación se autoasignó ilegalmente 30 mil millones de pesos de recursos públicos. En 2007, la sociedad Eco Seguros, que administra la Federación Nacional de Cafeteros y en la que el 94% del capital es del Fondo Nacional del Café, donó 30 mil millones de pesos a la Federación de Cafeteros. De acuerdo con el informe de auditoría, esto es ilegal porque la Constitución prohíbe que se hagan donaciones a privados con recursos públicos y porque “FEDECAFE (FNC), fungiendo como administrador de los recursos del FONC, dispuso autoasignarse una cuantía de $30.000 millones a título de donación”


Por último hablamos acerca de la ley de desarrollo rural. No tuvimos mucho tiempo porque en ese momento nos alcanzó un yeep que nos dio un aventón hasta Andinápoles. Solo logró comentarme que muchas de los artículos allí mencionados ya están en funcionamiento y que por lo visto no ha sucedido nada extraordinario, solo que han aumentado los embeleques para la producción agropecuaria, pues exigen una infraestructura modernizada, es decir, los cerditos y  los pollitos que sirven para estos momentos de crisis,  ya no se podrán criar en las cocheras y galpones caseros. Por otra parte, está la preocupación de que el campo quede a manos del Incoder, una entidad familiarizada con el desorden y robo en su estructura, no conformes con esta mención de criminalidad ahora se les ha asignado  manejar todos los recursos económicos correspondientes al agro ¡Que locura!

A mi padre, que tanto me inculcó el amor por el campo le agradezco que desde pequeña me haya llevado a coger café con un coco que me baila en la cintura, con las uñas negras de coger una pepita roja que si se cae al piso es mejor recogerla, sufrir porque en las noticias el dólar baja y rezar porque la lluvia cese y el sol no pegue tan duro. Después de vivenciar la cruda realidad del campo y llegar a la ciudad donde difunden la imagen del campesino con su cara amable, con las gallinas y los ponchos, en su casa colonial, concluyo que la tolerancia no es solo de los ingenuos, de los montañeros que se dejan meter gato por liebre, no señores, el hombre de la urbe también ha caído en la enfermedad de los bobitos haciendo caso omiso en el despojo ocasionado a la madre que le da de comer. El 20 de julio del presente año será llevada al congreso la nueva ley de desarrollo rural para su aprobación, ley que se asemeja a la industrialización del campo.

Mi padre, quien agradece por haber tenido un terreno propio en el que se puede sembrar y que sirve como sustento económico, con el rostro cansado y sosteniendo su peso con sus manos quemadas por el sol en un guamo que fue ordenado sembrar por la federación nacional para que diera sombra al café y que después fue exigido cortar;  susurra: “Si quieres matar a un enemigo, no lo mates, regálale una finca y deja que se mate solo”