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domingo, 16 de diciembre de 2012


Carta de una mujer con exceso pasional crónico y un incorrecto deseo anticipado.

De repente me ha dado por escribirle una carta injustificada.  Diría que es como un regalo del día del padre, pero su contenido no sustenta las palabras que se le dice a un padre. Podría ser el regalo que se obsequia en los días que no se celebra nada, pero me negaría la dicha de celebrar los días en que cargo su nombre en la mente.  Entonces, me atrevo a decirle que es la forma más caprichosa que tiene una mujer pubertica  para encerrar las palabras  que abarcan un estado delirante, un exceso pasional crónico que se hospeda en un cuerpo de niña, un incorrecto deseo anticipado que ha ido creciendo desmesuradamente tras el roce de mis labios  fértiles con sus labios pulcros.

Yo quisiera que alimentara mi capricho de tenerle en los momentos inesperados y rasgara esta pesadez que me sucumbe. No le pido un cuerpo constante, ni con futuro, me salvaría si me entregara su cuerpo casi obsceno casi prohibido. Y en el cruce de mis deseos con lo que usted podría estar pensando, le aclaro que mi cuerpo es un espejismo maléfico dispuesto a evidenciar las ganas que me deja y la satisfacción que me inyecta; la curiosidad que me antoja y esa indiferencia que ínsita a robarle un beso en público. 

Procuraría por crearle una vida paralela sin tener que aprisionar y borrar la seguridad de su biografía. No estaría dispuesta a entrometerme en su vida real, pues mi deliro, especialmente nocturno, es llevarle a otra fracción de la realidad fuera de términos cotidianos, de horas rutinarias, de palabras forzadas y momentos agonizantes que reproducen recuerdos estériles.



Se viene, como orgasmo, un arrebato de hacerle compañía en los espacios más inverosímiles. Me arrastra ante usted, el deseo de amanecer sumergida en el misterio que me comparten sus labios. Estoy ansiosa por llevarlo al laberinto de las pasiones prohibidas y plasmarle una aventura de película en la memoria cruel que compartimos. Es así, que declaro mi antojo por usted, señor. Quizá no sea consciente de la magnitud de mis palabras y usted sé esté preguntando qué carajos estoy pensando y yo no tendré una respuesta razonable, y quizás usted se disguste o se sonroje; preferiría que se sonrojara, porque quiero ponerle color a esas mejillas de fruta madura.

Le advierto que no combino en mi almohada su esencia con las consecuencias de lo que podría llegar a ocurrir. No está en mis manos detener una pasión que se disfraza de prejuicio. Sin embargo me declaro una egoísta empedernida, no quiero que nuestros suspiros se arrojen al viento de la esfera pública, me gustaría que esta aventura dejara intactos los criterios que la definen: secreto, prohibición, incierto, deseo, expedición, y sobre todo el arrebato que nos obliga a unirnos.



domingo, 9 de diciembre de 2012

Crónica.


El tinto que no sirven en casa.

Abelardo Giraldo, Gerardo Gómez y Mario Castaño se reúnen todos los sábados a las 10:00 am en la Cafetería “La Selecta” para conversar sobre la finca que  Mario quiere, la que  Abelardo vendió y la que Gerardo nunca tendrá.  Cada uno con un sueño diferente se distrae al compás de un Tango y buen tinto con Aguardiente. Cuando están entonados, salen a relucir los discursos, los abrazos y las preocupaciones cotidianas. Analizan  la situación del Agro y confían con que uno de ellos pueda llegar algún día a comprender el significado del sello con que  han marcado su región: Paisaje Cultural Cafetero.

En el municipio de Circasia, un pueblo de hombres rebeldes y mujeres enamoradas de la libertad, vive hace más de cincuenta años Abelardo Cardona, un hombre que desde pequeño fue predestinado a trabajar la tierra. La suerte de su padre lo llevo a cargar un coco en la cintura y a soñar con tener su propio tajo de café. Aunque Abelardo no se ganó su finca en una apuesta de Billar Pull como su papá,  tuvo la suerte de casarse con Edilma López, una mujer verraca que sufrió y luchó junto a él para sacar adelante la tierra que su padre le heredo.  Lo curioso es que Abelardo ya no tiene la finca donde creció y vio nacer a sus hijas. La causa de sus preocupaciones y el último recuerdo de su padre se esfumaron. A pesar de que hizo todo lo posible por salvar su terreno, la producción de café fue insuficiente para pagar los abonos, los trabajadores y el sostenimiento diario.

Es sábado  10:00 am y Abelardo se reúne con sus amigos Gerardo y Mario en la Cafetería de siempre. Piden tres tintos con Aguardiente y una canción del Caballero Gaucho.  Abelardo se quita el sombrero  y comienza a desflorar su verbo antipatriótico, explica a sus compañeros la más reciente paradoja colombiana.

Aunque Abelardo no vio hace más de un año la noticia que anuncio el nombramiento de su región como Paisaje Cultural Cafetero, si recuerda muy bien que la noticia llenó de  alegría a sus vecinos, seguramente porque les devolvió las ilusiones de conservar y mejorar sus tierras. No obstante, Abelardo, Gerardo y Mario coinciden en afirmar que no se han beneficiado con las cuantiosas ayudas que prometieron para la conservación del paisaje, por lo tanto, no han podido asignarle otro tipo de significado diferente al orgullo que sienten por su región, ese que ya tenían mucho antes de aparecer el nombramiento de la Unesco.

Entre quejas, tangos y licor encubierto en una taza de café, Abelardo menciona que el nombramiento de P.C.C solo es una fachada del imperialismo criollo para aumentar el turismo y engrosar sus intereses económicos. Es cierto que  dicho nombramiento ha aumentado el turismo en el Quindío y que sus parques temáticos son apetecidos por los extranjeros, pero también es cierto que el capitalismo y el desempleo en la región llevan a consolidar la destrucción del medio ambiente y la creación de los carteles de prostitución. Además, se nota como los demás elementos que hacen parte del P.C.C, entre ellos las personas, son ignorados para darle mayor relevancia al turismo.

Cada vez que Abelardo  trae al presente el  recuerdo de las buenas épocas, la melancolía se desflora en sus palabras, su mirada se pierde entre los cafetales que un día fueron suyos y  que hoy no pudo seguir cultivando. De repente me dan ganas de contarle la más reciente jugada de la Federación Nacional de Cafeteros.  En tono de chascarrillo le comento que hace poco invirtieron 40.mil millones de pesos para la construcción de un museo, centro de interpretación del café y  P.C.C en Bogotá para que el país y el mundo entero se sientan orgullosos del campesino.  

Paradójicamente el museo no será en Armenia, ni en Manizales, ni en Pereira, ni mucho menos en Sevilla, el museo de café será construido en la chimenea de la capital con el fin de atraer inversionistas para incrementar el turismo, mientras que el campesino vende sus fincas y se hunde aún mas en el fango de la pobreza. No le conté está noticia para lastimar aún más su herida, sino para darle la razón que este gobierno solo ve al campesino como la locomotora que jalona la economía colombiana. 

“Entonces, ¿Usted no esta orgulloso de su pueblo?”, Grita Gerardo mientras le da un golpe a la mesa. Abelardo responde con un silencio meditabundo, sonríe y se toma su cuarto tinto con aguardiente, ese que no le sirven en casa.

Muchos de los campesinos y lectores creerán lo mismo y dirán que es un orgullo ser nombrado patrimonio de la humanidad pero, sin duda alguna, hace falta combatir la enfermedad de los bobitos y exigir los puntos que se nombraron durante el proceso avaluado por la Unesco: “Se fortalecerá el compromiso institucional y comunitario con la protección del medio ambiente y se tendrá acceso a mayor asistencia internacional, mediante la cooperación e inversión en diferentes aspectos sociales y ambientales”. (Tomado de la Crónica).

La mirada curiosa cambia de sujeto, ahora el show se lo roba el personaje de camisa a cuadros, de botas pantaneras  y de bozo al estilo Juan Valdez. Él se balancea en su silla, quiere hablar pero las carcajadas de sus amigos le impiden pronunciar su discurso. Por un momento las risas cesas y un silencio los invade. “Señores, ¿pasó la virgen, o qué?” dice Gerardo. Él apoya sus codos en la mesa y lanza un quejido moribundo: “Yo no se porque este Sábado el tinto me ha cogido tan rápido”. Se disculpa mencionando que a su edad es completamente normal. Por el contrario, lo que no le parece normal es que en sus 65 años no haya podido comprar una finca, su oficio de recolector no le alcanzó para ahorrar y cultivar su propia tierra.  Gerardo a modo de chanza le lanza una palmada a Abelardo (Él ni la siente). Pero Gerardo no quiere bromear, se le nota que está dolido con la vida injusta y solo pretende desquitarse con su amigo, quien vendió la finca a un precio irracional y él no tenía ni un peso para comprarla.

 “A mi solo me gusta recolectar café y yo escojo la finca donde quiero trabajar” dice Gerardo ya con la lengua un poco enredada. Pero él sabe que habrá días donde no pueda escoger la finca y le toque trabajar un día a cambio de un graneo miserable que le alcance para pagar la renta y comprar un mercado como los que llevan a las iglesias, término que le recuerda agradecer a los cielos por no haber tenido hijos y evitarles el sufrimiento de la irracionalidad de este mundo.
 - “Vea niña, la situación no está como para reproducirnos como curíes”.

Dicen los grandes sabios que la nueva era tecnológica y el boom de las comunicaciones acortan distancias y mejoran la calidad de vida de las personas, pero desde que Gerardo compró su celular, pocos trabajos a conseguido, a veces olvida cuál es su rington y termina regañando a su esposa porque tiene 4 llamadas perdidas y él no las escucha: -“Mija es que usted me ha estado moviendo el celular”-. 
Sabe que no es culpa de su celular ni de su mujer, que en el Quindío no necesiten recolectores, menciona que tampoco es culpa de la F.N.C, y al contrario que Abelardo, cree que es una institución de la que tenemos que estar orgullos, así como del nombramiento del P.C.C, pues dramáticamente anuncia que las nuevas generaciones al menos conocerán el café como un grano de plástico exhibido en un museo.  

A Gerardo le queda mucho tiempo libre en su oficio de recolector, cómo la cosecha de café se presenta solo dos veces al año, se ha dedicado a leer  sobre la economía del café, y vaya sorpresa tanto para mi como para sus amigos, porque sin palabras triviales nos explica la razón del porque el café esta tan barato: 
- “La economía del café es como un rompecabezas: En el mundo existen 30 países tropicales que cultivan café y 20 millones de caficultores que lo  producen sin importar el clima o la calidad de tierra. Los dueños del café en el mundo entero son Estados Unidos, Alemania, Italia e Israel. Entonces las ganancias del Café producido por esos 20 millones de caficultores, la mitad se la tragan esas siete firmas, y la otra mitad queda para repartirla entre esos 30 países tropicales. Dígame niña, ¿Quien se anima a seguir cultivando café?”-.

Dentro del discurso apocalíptico de Gerardo, Mario Castaño rompe su largo silencio para afirmar que aquí lo importante no es el café o el turismo, ni mucho menos el P.C.C, aquí lo que prima es el valor humano, y lo dice no por la amabilidad de la gente, ni por sus costumbres que crean estereotipos de la cultura quindiana, lo dice porque el ser humano tiene la facilidad de adaptarse fácilmente a su entorno, incursionando en cualquier tipo de cultivo como lo hizo él.

En su juventud Mario fue caficultor, le ayudaba a su padre a coger café,  lo pelaba y  lo secaba en la elda. Una rutina que cumplía en cada cosecha y que esperaba con ansias, ya que de allí sacaba el dinero para comprar sus pantalones Bota- campana que tanto le gustaban. Su padre salía hacia al pueblo en su yegua, donde vendía dos cargas de café, con el dinero que obtenía le alcanzaba para comprar la remesa de seis meses y pagar las deudas que adquiría en los tiempos de peladez.  

Su Padre, al igual que él,  disfrutaba de esa rutina, sin embargo, su salud se fue deteriorando, las labores del campo se convirtieron en una carga para su espalda, la vejez se fue apoderando de su vista y sus piernas comenzaron a necesitar de la ayuda de un bastón. De repente su padre se sintió inservible, la agonía de no poder levantarse a las 5:00 am y ponerse las botas para salir a trabajar lo devastó, era como si la finca estuviera cobrando una vida por todo el bienestar que les dio.

Cuando finalizó el duelo familiar, las 4 parcelas se vendieron y el dinero se esfumó como por acto de magia, a Mario le tocó emigrar del campo para vivir en la capital. Ahora que regresó a su pueblo se dedica a recorrer las calles de Circasia en compañía de Peluda y Gitana, sus dos cabras con ubres de mujer. Aprendió a ordeñarlas y a pregonar por el pueblo la calidad de su producto, pues manifiesta que su leche se asemeja a la materna.
 
A Mario le vibra el emprendimiento en las venas, su deseo de no volver a abandonar el campo lo llevó a crear la fundación “FUNGRAAS” Fundación Granjas Asociativas Solidarias con la que pretende exigir a la Umata un terreno donde pueda tener sus cabras y cultivar su huerta para el beneficio de personas como Gerardo y Abelardo que no tienen finca.  

Ahora para Mario lo importante no es la crisis cafetera, sino la forma de hacer realidad su sueño. De alguna manera, estar ubicado en una región que es patrimonio de la humanidad, le ilumina las esperanzas de salir adelante con su nuevo oficio, el que le dará dinero para invitar la próxima vez a sus amigos a una ronda, no de tinto, sino de leche con Aguardiente. 

viernes, 9 de noviembre de 2012


Ideario (Francisco M. Ortega Palomares)


Me da vértigo el punto muerto
y la marcha atrás,
vivir en los atascos,
los frenos automáticos y el olor a gasoil.
 Me angustia el cruce de miradas
la doble dirección de las palabras
y el obsceno guiñar de los semáforos.
 Me da pena la vida, los cambios de sentido,
las señales de stop y los pasos perdidos.
 Me agobian las medianas,
las frases que están hechas,
los que nunca saludan y los malos profetas.
 Me fatigan los dioses bajados del Olimpo
a conquistar la Tierra
y los necios de espíritu.
 Me entristecen quienes me venden clines
en los pasos de cebra,
los que enferman de cáncer
y los que sólo son simples marionetas.
 Me aplasta la hermosura
de los cuerpos perfectos,
las sirenas que ululan en las noches de fiesta,
los códigos de barras,
el baile de etiquetas.
 Me arruinan las prisas y las faltas de estilo,
el paso obligatorio, las tardes de domingo
y hasta la línea recta.
 Me enervan los que no tienen dudas
y aquellos que se aferran
a sus ideales sobre los de cualquiera.
 Me cansa tanto tráfico
y tanto sinsentido,
parado frente al mar mientras que el mundo gira.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Poesía Discutible.


Último llamado.

En el lapsus de mis desesperaciones, en mi huida por las confusiones; la muchacha de los pezones rosados se pregunta cuándo volverá a tener dentro su paladar, los suspiros que se enredan en la piel y provocan una tormenta de cosquilleo en el ombligo.  La muchacha no resiste esta abstinencia de deseo enfrascada por la timidez, el tiempo, el orgullo, o valla ha saberse porque carajos no esta conmigo. A veces esta muchacha se guarda en el alma esta pasión que crece alrededor de su indiferencia compartida. Se muerde los labios tratando de aprisionar el fuego que crece a causa de una razón ilógica pero no menos enérgica. Es cierto que es una aventura, pero no olvide que es una aventura de película; su sabor y contenido no deben formar un coctel de costumbres y casualidades que no conspiren. La muchacha de los pezones rosados quiere seguir sus reglas de magia insípida, pero no concibe medir su pasión en porciones respetuosas. Yo sé que usted carga con un miedo que le obliga a retractar su instinto erótico imaginario, pero yo le anuncio, en nombre de esta muchacha agresiva y duramente dulce, que el amor no tiene espacio en este cuento sustancioso y la amistad se cuela, solo si su indiferencia no me lleva a odiarle. Le invito entonces a que habitemos un jadeo efímero pero irrefrenable, que nos agote las ganas y los arrebatos.   



La melancolía del coito.

¿Por qué no tengo una cajetilla de cigarrillos?
Hay que comprar cigarrillos y no condones.
Hay que callarnos la boca con un cigarrillo y fumarse el silencio incomodo.
Procurar por justificar la muerte pasajera del verbo, y no llorarla.
Debemos impedir la fecundación de palabras: mierda inservible que se reproduce por mitosis.
Abortar con el humo que se aspira las vergüenzas, el miedo, el vértigo de caer en las conversaciones despiadadas.
Pero no tengo cigarrillos.
Y me preocupa que la eyaculación desflore tu verbo
Y yo tenga que dejarte con la voz viva y sola
Para salir a la tienda con cara de pacheca por un cigarrillo
Mientras tú me odias en mi propia cama.

Mini- ficción.


La muchacha de los pezones rosados.


Carolina estaba tan feliz de vivir a sus veinte años una aventura de película, que no podía darse cuenta que su cuerpo comenzaba a tomar visos románticos.

Cuando llegó a la habitación que alquilaba, lo primero que hizo fue ir al baño. Se levanto la blusa y el brasier se enredó en sus dedos. Se miró en el espejo, era cierto, tenía los pezones rosados. No lo había notado, no porque nunca se hubiera tomado la tarea de hacer una expedición erótica por su cuerpo,  más bien, ya no necesitaba de sus masturbaciones narcisistas frente al espejo, en las últimas semanas cargaba con una excusa pasional que le impedía acariciar su ego, toda voluntad giraba alrededor de una aventura que le proporcionaba compañía compartida y desplazaba con un toque justo su soledad.




Salía de paseo en el carro del susodicho y fornicaban hasta vomitar. Gritaban “fuck yeah” cada vez que tenían un orgasmo. A él se le entumía la lengua, a ella se le entumían los dedos de los pies.  Tenían encuentros a escondidas en cuartos oscuros, en salas pintadas de azul, en la mitad de una carretera cualquiera. Se contaban secretos vergonzosos,  se burlaban del amor irracional de los demás y susurraban canciones cada vez que se acercaba un silencio incomodo. Aunque habían acordado medir su tiempo, disponían de cierta habilidad caprichosa para repetir los encuentros pasionales en un mismo día. Seguramente la prohibición seductora de combinar sus realidades permanecía al acecho, excluyendo cualquier acto de moralidad que pudiera delatar lo absurdo e irrespetuoso de sus encuentros. 




Con el tiempo, entre ellos mismos pasaron a robarse suspiros, promesas y eyaculaciones; ella nunca le importo perder semejantes banalidades, en cambio, él, nunca había perdido la conciencia y eso ya empezaba a molestarle. En parte, Carolina había tenido la culpa, aquel tipo estaba comprometido y poco atendía a los impulsos de fina coquetería que exhibía en sus labios rojos y su cabello sin peinar.  Sin embargo, se empeñó tanto en agradarle, que cambio su preferencia musical, el color de cabello, y los chistes pasaron hacer parte de su menú en las conversaciones. Poco a poco se unía a los espacios que el susodicho frecuentaba, y de la noche a la mañana se vieron enredados en las mismas situaciones. Aunque Carolina había contraído un raro deseo por aquel hombre, no mostro ante él la desesperación que las mujeres intentan disimular frente al hombre que las enciende debajo de las tangas. Procuró por crear un juego inadecuado, una seducción tóxica, un encuentro sutil que justificara las ganas de interrumpir su aburrimiento.  Nunca quiso crear con él un cuento con futuro, no pasó por su cabeza hacer parte de su vida real y enfermarse de abstinencia cada vez que le faltaba un beso. Sin embargo, en la búsqueda de refugio en un cuerpo vecino, no se percato de lo fácil y silenciosos que se filtran los sentimientos, las malas compañías emotivas de la pasión se apoderaron de la mujer con corazón de niña rota. 




De alguna manera la fantasía que se contempla desde afuera, al susodicho ya no le estremecía ó por el contrario, era una fantasía tan cercana, tan palpable que ya no resistía su esplendor.  Cuando se dio cuenta del cambio de tonalidades que presentaban los pezones de Carolina, se angustio. No entendía como unos pezones de apariencia transparente habían alcanzado un color tan hermoso, tan rosado, parecían dos pétalos de un clavel. Se preguntaba si su amor, que era solo un residuo compartido, había podido crear el color de la belleza melancólica, el color de la felicidad intermitente, y marcar el cuerpo de una mujer que apenas conocía. De nuevo se angustio. Se vio abrumado con tanta belleza que prefirió buscar refugio en la seguridad de su biografía. Si, huyo del sustento de cuento que Carolina había creado para los dos. Le dejo los suspiros a medio estallar, el tiempo incompleto, las eyaculaciones en pleno oleaje. 


Carolina, de repente fue invisible. De repente le quebranto el ritmo pasional, la excusa que le inyectaba su porción de felicidad. Un capricho de niña pubertica se disfrazo de amor y se le incrusto en el pecho. Intento luchar por ese amor suspendido, lo llamaba para asegurarle “un te quiero”, ese que había evitado pronunciar, pero terminaba escribiéndole cartas de despedida que nunca cumplía.  Fue perdiendo todo principio hostil que profesaba, sus palabras de compasión se tornaban en una melodía repetitiva, se perdió entre el ir y venir de la fantasía, de la aventura de película.  Esa noche en que ella se vio ante el espejo, llovió tinta rosa sobre su cuerpo. Miles de gotas estallaron sobre el lavamanos, la baldosa y el tarro de basura, aniquilando la prueba de su amor inventado, el sustento de cuento que transfiguro sus órganos vivos. La tinta fluyo por el sifón, se mezclo con las aguas sucias del alcantarillado y se perdió en la podredumbre. 





viernes, 7 de septiembre de 2012

Poesía Discutible.


La sometida.
He sometido todas las excusas en la tina de agua roja.
Sin embargo la excusa pasional se rehúsa a diluir sus instintos  con la melancolía de la niña púbertica. La vida, esta vida que no es mía, no le deja danzar en el agua turbia de mi tina, dice que esa excusa es la que vive por mí.  

La venganza de los objetos inanimados.
Aunque cambie de bombilla, de sábana, de perchero, de habitación
Continúa la pesadez impregnada en los objetos que conservo o encuentro. Como si mis manos los tocarán con rabia melancólica y ellos se empeñaran en confabular una venganza catatónica. La bombilla por su propio parecer se enciende; la sábana se ensaña en desprenderse del colchón en el que la retengo; el perchero procura hacerme  punta pie cada amanecer, y por su parte, la habitación escribe con telarañas en sus paredes: Vete a casa

7: 29: 59 pm.
Con la mano en la esperanza telefónica, pido que no llame para evitarme la decepción, la fatalidad de esta espera que terminará en un punto final. Con el desconsuelo en el pecho pido una siguiente llamada, un timbre agudo que me despierte de este letárgico ensueño. Estos pocos segundos que le quedan en mi historial, he empezado a forjar con sus silencios pertinentes a su ausencia, una discusión que perturbara nuevamente mi excusa pasional. Pero ante toda esta pesadez me guardo la ilusión de escuchar su vos y poder decirle, en contra de mi voluntad, todo ha sido un fracaso, un delirio que ha asesinado mi ego.

La protectora.
Me tengo a mí, la niña que estornuda fluidos orgásmico y escupe la sangre que no le hace falta. Me tengo a mí, la niña turbulenta y ruda que se desnuda ante el mundo sin vergüenza. Y Tengo la niña olvidadiza que renuncia a la pesadez del tiempo. Pero no tengo la niña que responde los interrogantes que provienen del origen, la casualidad y la palabra inerte que se presentan como barricadas en la vida. A la deriva de una ciudad oxidada, sigo buscando la niña que salvará esta historia. Sé que de alguna manera estará esperándome sin afán y sin rostro. Y juntas partiremos sin pasado y sin futuro lejos de casa. 


Suspiros que viajan a la velocidad de la luz.
En la colisión de mi búsqueda
Reposo y me digo: No es su nombre lo que quiero encontrar
Es el cielo entumecido de mis orgasmos que con su sexo logró crear.

Ese olor suyo que devora mi realidad
Palpándome unos besos que quizás son solo sombras
Pero que deliciosamente jadearon en mi lecho.

De nuevo ciento el vértigo en relieve, este desafío pasional.
Por qué no viene, por qué no dice lo que yo quiero
Y fornicamos como yo quiero y reposa en mis pechos el tiempo que yo quiero.

En la soledad de mis masturbaciones
Los orgasmos se aferran a su cuerpo
Y me dicen que quieren humedecer sus piernas
Desean intercambiar respiraciones cortadas y una piel encendida
Han tomado confianza y quieren decirle te quiero
Aunque mi voz se ahogue en el vacío de su ausencia.



domingo, 22 de julio de 2012

Ignorante opinión.


Refrescando memoria.

Una patria puta y sin historia. 
“El efecto domino del neoliberalismo, la globalización y el TLC”

La historia es como una gran biblioteca mundial que se  pierde entre infinidades de galerías. Se hallan allí,  a  causa de un pueblo cómodo en la mentira, libros que cargan con la corrosión en sus páginas y el olvido de sus letras.  En las escuelas nos enseñaron a escudriñar la historia desde la visión de la aceptación y el olvido, porque una vez es leído el pasado tenemos la certeza de no reconstruirlo, hasta tenemos la manía de modificarla por conveniencia o por la triste enfermedad de la memoria cruel que nos acecha. Del pasado nos quedan algunos historiadores malgastados, ya no tenemos cronología ni  una verídica historia. En este sentido, aclaro que no soy historiadora, ni viajo en la máquina del tiempo, este ensayo solo es el resultado de las historias contadas en diarios, libros y lo poco que queda de la memoria colombiana.

Para aquellos que creen que todas las peripecias que se han masificado alrededor del neoliberalismo en el actual gobierno, son justamente su responsabilidad, les comento que solo son los efectos de las decisiones tomadas por nuestros antepasados dirigentes y que los actuales repiten sin complique.  Por si no lo recuerdan, en la década del 90, durante el periodo del presidente Virgilio barco se introdujeron las políticas neoliberales que  pretendían implementar una política económica con énfasis tecnócrata y macroeconómico, que reduciría al mínimo la intervención estatal en materia económica y social, lo que llevaría a  privatizar los entes del estado, dar una apertura económica a otros países y mayor desarrollo económico y social para el país. Sin embargo al poner en marcha este plan, los colombianos presenciaron una terrible degradación en su economía, el desempleo aumento, la soberanía se encontraba en riesgo  y la autonomía política ya no era decisión del estado. 

Estados unidos había llegado al país con las perversas intenciones de ayudar, sin embargo  quería controlarlo todo, es decir, poner en marcha una nueva colonización.  Colombia en su ingenuidad quería seguir los pasos del gigante mundial, se propuso a seguir los concejos que le imponían los gringos. Entre los  concejos que durante esta presidencia fueron tomados fue la forma nacional que asumió el llamado Consenso de Washington, que aplicaba tres principales ideas: Disciplina macroeconómica, economía del mercado y por ultimo apertura al mundo. Este devastador plan fue puesto en marcha durante el mandato del presidente Cesar Gaviria, para ese entonces  se conoce que su aplicación nació de una extorsión del Banco Mundial, según lo explicó en El Tiempo del 27 de febrero de 1990 el ex ministro de Hacienda Abdón Espinosa Valderrama. Este fenómeno llevo a Colombia a experimentar la reducción de recursos económicos, pérdida de autonomía política frente a los actores externos y debilidad dentro y fuera del país.

Ahora bien, se hace necesario nombrar que durante la presidencia de Andrés Pastrana se introdujo el plan Colombia en el que se promocionó la paz, se planteó el fin del narcotráfico y se restablecería la economía financiera, pero ojo aquí, nuevamente con la ayuda de Estados Unidos. Repetimos la misma historia, Colombia continuaba como un simple enano codiciando la apariencia del gigante frente al espejo. Alardeaba con dejar el bajo mundo comiendo cuento a punta de palabras rimbombantes como globalización, capitalismo, riqueza, felicidad, empleo, exportación, etc. En efecto, la deuda externa aumento, los patrones de mercado eran diferentes, no teníamos suficiente inversión extranjera. Estados Unidos había jugado sucio al presentarse como el buen samaritano financiando al ejército que combatía con las fuerzas armadas revolucionarias para acabar con el narcotráfico y obtener la paz, mientras nuestra república muy oronda le abría las piernas con permisos de hacer que lo que se le viniera en gana. Es así como las trasnacionales y multinacionales comenzaron a inundarnos, explotando nuestros recursos naturales y mano de obra. Pueblos enteros afectados por las malas prácticas de producción; la minería a cielo abierto, la tala de árboles, el robo de tierras fértiles, la disminución de los ríos, el desempleo, muerte de trabajadores y sindicalistas fueron temas comunes que nos arribaron sin explicación, como si todo hubiera ocurrido en un día donde estábamos profundamente dormidos.

Es el momento de nombrar al monstruo que viene creciendo desde el 2003 y que hoy ya esta hecho todo un pie grande. Si señores, hablamos del TLC o tratado del libre comercio, ese que ahora todos (excepto los uribistas) repudiamos. No satisfechos con el tremendo daño a nuestro país, llega un nuevo personaje a empeorar la sopa. Álvaro Uribe Vélez, en ese tiempo presidente de Colombia, al evidenciar la inefectividad del ALCA decide aliar a Colombia con Estados Unidos. Tras varios años en negociaciones, el 24 de julio de 2008  la corte constitucional declaró el tratado exequible, pero en el congreso de  Washington los demócratas consideraron que nuestro país no había tenido avances en materia de seguridad, derechos humanos y laborales.  Era evidente que el TLC destruiría el campo, es por eso que apareció el plan de acción más conocido por su corrupción que por su finalidad, Agro Ingreso Seguro, institución que ayudaría económicamente a los campesinos para que tuvieran mas posibilidades de competir con el mercado estadunidense. El tema quedo en veremos.  Sin embargo, al posicionarse el gobierno de Juan Manuel Santos y el del presidente Barack Obama las negociaciones continuaron de la mano del nuevo plan de acción que fortalecería  las protecciones laborales y pretendía combatir la violencia contra sindicalistas. El 12 de octubre de 2011 el congreso dio el si y para el 15 de mayo los dos presidentes anunciaron que el TLC entraría en marcha.

No se ustedes, pero a mi todo esto se me parece a una subasta de países tercermundistas en el que Colombia hizo parte de una promoción. Nos compraron con el discurso favorito del SENA: “El emprendedor triunfará”, además del murmullo que se convirtió en una ola de promociones de carros, computadoras, motos y hasta el sueño americano. Es imposible que un enano salga victorioso en una pelea de gigantes, eso solo pasa en los pasajes bíblicos. Desde el principio todos sabíamos que los intereses económicos del campo colombiano entrarían en peligro por las cuantiosas ayudas internas y subsidios a las exportaciones que recibe su competencia estadounidense, y las barreras arancelarias, principalmente sanitarias y fitosanitarias, para ingresar con nuestros  productos al mercado estadounidense. Yo no voy en contra del desarrollo y la esperanzas de poseer una economía equilibrada y estable, pero es inevitable criticar una nueva burrada, pues ni siquiera los planes de acción para proteger un poco el golpe de esta patria boba se cumplieron.